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Cuando somos nuestro peor enemigo

Cuantas veces nos pasa, que al ver a la distancia una situación decimos “¡como pude decir/hacer eso!” o de repente nos vemos en una circunstancia repetida y caemos en el cliché de pensar “¿¡porque siempre me pasa lo mismo!?” ¿Te has puesto a pensar realmente en la causa sin juzgarte ni castigarte? ¿O te quedas maltratándote sin lograr perdonarte? Vamos a compartirte otra mirada, que no es inventada por nosotros, si no que el Yoga nos la ha enseñado.

Concretamente, ¿qué pasa cuando me castigo tanto? Me siento angustiado, enojado, frustrado, culpable, dolido, etc., etc., etc. ¿Algo cambia cuando me hago esto? La realidad es que no. De alguna manera hasta termina siendo un mecanismo de evasión. El ciclo sería cometo un “error”, me siento mal, me culpo, no logro resolverlo, pasa el tiempo, vuelvo a hacerlo de manera al parecer inevitable y así indefinidamente.

¿Cómo hacemos para salirnos de ese ciclo? Comienzo por comprenderme y aceptarme. Quizás en este instante pienses “¿Y como cambia eso las cosas? ¡Si lo acepto lo sigo repitiendo!” Pues no. Cuando acepto la situación dejo de darle lugar al enojo conmigo mismo, me abrazo y me doy la posibilidad de transformar eso que soy. Aceptar que tengo ese aspecto de mí para cambiar, es abrirme a un nuevo comportamiento.

Nada de lo que reproducimos de adultos es ajeno a lo que aprendimos en nuestra infancia… la historia familiar vive en nosotros, madre, padre, abuelos, hermanos, hayan tenido presencia física o no, estamos conectados energéticamente. El lugar donde nacimos, la situación económica, la escuela, el grupo social, las experiencias que vivimos, todo nos va influenciando. Vamos tomando actitudes que creemos “mejores” o “correctas” respondiendo al medio en el cual nos movemos, formulamos teorías y creencias. Vemos el mundo desde esa lente que hemos creado. Y seguimos perpetuando esas conductas, multiplicando situaciones similares que cuando tienen como resultado el malestar nos obligan a preguntarnos qué es lo que estamos haciendo.

Ahí radica la importancia de las disciplinas que nos llevan al auto conocimiento. Me permiten revisar todo lo que aprendí, lo que tomé como verdad indiscutible. Los patrones de conducta que naturalicé y no son sanos para mi, todo aquello que ya no me sirve. Y remarco el ya no me sirve, porque antes si me servían. Las creencias las tomé en el momento en que las necesitaba y me acompañaron hasta hoy porque fueron útiles para llegar hasta acá.

Bendigo todo lo que me trajo hasta este momento y formó a la persona que HOY SOY. Acepto, suelto e intento construir otro patrón de conducta, que me haga más feliz.

San Luis Capital

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Paula Santiago - Oscar Mardones Ly